UNA HISTORIA...(Los Celos)
Los celos, enfermedad silenciosa, amargo enemigo y fiel cómplice...
Te acercaste y vi en tu rostro una especie de galantería, una sonrisa encantadora y ominosa que me incitaba a besar, ¡¿Cómo podré ahora caminar tranquila, si de mi mente no te vas?!
Maquinaste el plan conquistando mi corazón, sedujiste mis más pecaminosos pensamientos, sobornaste con atisbo mis ideas haciéndome cambiar, ahora ya no veo, observo, y mi vida ordinaria y monótona parece haber empacado sus maletas yéndose a un lugar ignoto, quizás muy lejos ahora de aquí, el amor me visita, camina, sueña y despierta conmigo...
Como es costumbre hoy lo esperaré, tendré un leve hálito de desesperación pero al final del día, cuando lo vea venir por la ventana, saltaré gustosa, bajaré y lo recibiré con un afable beso.
Los minutos pasan lento y cada tic tac parece un molesto recordatorio de su ausencia.
¡Dios mío! ¿Pero por qué no llega?, ¿es acaso que no me quiere ver?
Es habitual verle llegar con un semblante de enfado, un tanto distraído, ensimismado en sus pensamientos, asintiendo a mis preguntas sin escucharme si quiera...
¿Por qué siento frío su corazón?, ¿Por qué sus palabras me suenan tan a la ligera?...
¡Ay de mi!, ¿Cómo persuadir a mi corazón de tanto desazón?...
Puede que ya no le agrade la idea de un compromiso...
¡No!, creo que lo buscaré...
(Salió presurosa, pensando, con el alma en un hilo).
Aquí, allá. Nada. Se le vino a la mente ir entonces a la casa de Donabell, la dueña de un recurrente burdel, dama muy mencionada entre la comarca por su despreocupada personalidad. Si, era ella quien reclutaba chicas muy bellas, pero no muy dignas, solían ir caballeros andantes en busca de un lugar en donde pasar un buen rato de diversión. Lady Cristine llegó preguntando por dicha mujer, estaba algo nerviosa pues lugares como estos no eran de su agrado visitar, pero pudo más el orgullo, que cualquier ápice de dignidad. Donabell salió ipso facto, sorprendida por inesperada y distinguida visita...
- Pero si es Lady Cristine!, que tal mon. a mi, ¿Qué le trae por aquí?
- Sólo busco a una persona, ¿me podéis dar información?
- ¡Por supuesto! Claro que si hay algo de por medio, me será mas alentador el poder ayudarle, usted sabe, es mi deber la discreción en cuanto a...
- Por eso no os preocupéis, que si de dinero se trata aquí lo haz de tener (sacó de su monedero unos cuantos peniques y se los dio).
- Muy bien. ¿A quién buscáis?
- Sabe bien de quien se trata, no es un secreto el que yo y el príncipe Eliacid...
- Si, si, es cierto. Pues si lo que quiere escuchar es que él está aquí, me es mi deber informarle que sí.
- Entonces... ¡¿Puedo pasar?!
- ¡Pero doncella!, este no es lugar para usted...
- ¿Y quién a dicho lo contrario?, mire que entraré como una desconocida, seré una de sus chicas, un antifaz cubrirá parte de mi rostro, no seré entonces la princesa, sino una cortesana...
- ¡Vaya!, tiene todo minuciosamente planeado...Me parece interesante...mmm...esta bien, pase querida, pero antes, le daré unas cuantas instrucciones...
Entre humo y risas estridentes, la música avant garde y el ambiente presente, se dejo oír entre los presentes una voz que decía...
- ¡Atención caballeros!, es para mi un honor presentar a una nueva belleza, una joya que nos deleitará con su sensacional espectáculo, queda de ustedes, la sensual y enigmática mujer, ¡Amatista!
Fue cuando el silencio y el asombro se dejó asomar entre los presentes, todos a la par quedaron asombrados, irradiados por tan divina belleza, Amatista era como una flor exótica, a su escultural cuerpo le cubría un pomposo ajuar de color azabache, un corsé que le acentuaba la cintura, angosta y perfecta haciéndole pronunciar más su generoso escote, su cabello era obscuro cual contrastante con lo níveo de su piel, y sus ojos, sus ojos eran misteriosos, de un azul profundo como el océano, desafiantes, la pintura le hacían lucir seductores, su rostro como érase de ser, estaba semioculto por un antifaz de diminutos brillos y plumas suaves y obscuras semejantes a las de los cuervos, su boca era una invitación a lo prohibido...
La música se dejó escuchar, fúnebre, arrogante como su mera presencia, entonces, bajó del escenario, se abrió paso entre la gente y se acercó a donde estaba él...Eliacid...Lo había visto minutos antes, con una linda rubia, sentada sobre sus piernas, ella jugueteaba con su cabello, lo besaba y el sonriendo a carcajadas le correspondía sutilmente...por un momento sintió el coraje que supone ser traicionada y remplazada por otra, aunque no fuese para ocupar su lugar de futura esposa, el sólo hecho de pensarlo, le causaba náuseas y un profundo pesar...
Él la miró sorprendido ante imponente belleza, Amatista le besó dulcemente los labios, le acarició, lo sedujo y el incontenible no pudo resistir a tan afable tentación. Terminó, se alejo entre aplausos y sonoros alaridos que clamaban un número más...Eliacid quedó impresionado, con la necesidad de saber más de aquella chica desconocida, hizo llamar a Donabell...
-Que buen gusto tienes, al saber elegir a tan hermosa mujer...
- Es muy grato viniendo de usted...
- Pero dime, anda, ¿Quién es esa belleza?
- Sólo sé que se llama Amatista
- Llegó por casualidad a pedir trabajo y se lo di ante su precaria situación...
- Entonces, ¿La tendréis aquí?
- Así es, sólo si ella desea quedarse, claro está. Es de alma errante.
- Si, supongo que si... (Hizo una mueca y se retiró besándole la mano).
Amatista estaba desconcertada consigo misma ya que nunca imaginó que podría hacerse pasar como una cortesana, asumir ese papel tan opuesto a su dúctil personalidad, enseguida se cambió, agradeció a la mujer y se retiró a su castillo. Ya una vez en su habitación, llamaron a la puerta, era su dulce y amable nana Agnes....
-Pasa nana
- Niña, mi lady, el príncipe Eliacid la está esperando abajo, en el salón...
La nana la miraba extrañada pues la princesa estaba algo presurosa quitando de su faz los restos del excesivo maquillaje...
- Mi niña, ¿esta usted maquillada?
- Dile que ya voy
La Nana no dejaba de observarla.
- ¿¡Qué ves!? Dile que ya voy nana, ¡sólo ve!, ¡anda!
Entonces bajo recatada, sin un ápice de pintura, con la dulce e inocente expresión que le caracteriza, como la princesa que es, decente y educada, su imagen dulce y delicada, hacía contraste con el aspecto de la cortesana por la que se había hecho pasar.
- Hola mi amor, ¿Cómo es que haz llegado a esta hora? Es tarde ¿no crees?
- Tuve un pequeño contratiempo, nada que no se pueda resolver, tu sabes que hay que ver que todo marche bien...
- Si, lo imagino querido, es solo que tiene días que llegas tarde, siempre haz sido muy puntual...
- Dime... ¿Qué es lo que imagina tu cabecita eh? ¿Otra vez con tus inseguridades?
- Nada, es solo que...
- ¿Pensáis que te engaño?, ¿es eso acaso? ¡Por Dios mujer! Sonrió irónicamente...
- Calla, que no he dicho eso, es solo que tiempo es el que no tenemos y parece que lo bello ya pasó, dime ¿Te soy indiferente?
- Por favor que haces mal en así pensarlo. Te amo y eso es lo única verdad que existe, por eso vas a ser mi esposa, ¿ya lo olvidaste?
- No, no lo he olvidado...tu esposa... (Aquellas palabras sonaron con cierto desaire).
- La madre de mis hijos...
- Si amor, entiendo, eres una persona ocupada, pero no por eso me dejéis en el olvido tanto tiempo, no me dejéis de amar...
- No, por supuesto que no. (La beso cariñosamente en la frente). Lo cierto para él, era que se hacía cada vez más difícil sucumbir a su presencia...
II.

En su habitación había un cierto silencio, se encontraba sentado en su sillón de frente a la ventana, lugar donde por horas se disponía a meditar, a maquinar planes, a resolver problemas, pero ahora era distinto, su mente estaba sumida en un profundo pensamiento, pecaminoso, deseoso de encontrar respuestas, de controlar esa inquietud que lo oprimía cada vez que evocaba su rostro, nunca se había sentido tan atraído por una mujer ni siquiera por su prometida, se enamoro de su dulzura y sencillez pero aquello era algo más que una simple atracción, era un deseo incontrolable, era solo el principio de una larga y angustiosa carrera por el espinoso y sinuoso camino del amor, del verdadero amor.
Al día siguiente, ya entrada la noche, después de haber visitado a Lady Cristine, se encaminó a la casa de Donabell con la firme intención de conocer más a Amatista, conversar y hacer realidad sus más lujuriosas fantasías. Hoy será el día, se decía a si mismo.
Amatista o mejor dicho Lady Cristine se encontraba en su recámara ultimando los detalles para no ser vista al salir del castillo, tenía que seguir con la farsa por un indefinido tiempo hasta enamorar al príncipe, jugar un poco para después desaparecer de su vida y darle una tremenda decepción, si...estaba segura que así sería, pues la indiferencia con la que le trataba, era como una daga que atravesaba su vulnerable corazón y tenía que pagar por ello.
Llegose al lugar, Donabell la esperaba ansiosa, la recibió con entusiasmo...
- ¡Oh! ¡Amatista! Que bien que decidís volver, me han preguntado por vos, les haz encantado querida, mira que para ser doncella haces muy bien el papel de cortesana, claro que una cortesana con caché...
Rieron ambas a la vez...
- Ah! ¡Gracias! Mira que no esperaba tal respuesta, solo quería...bueno...ya lo sabes...
- Si Mon ami, lo sé, entonces... ¿se quedará?
- Por supuesto, de hecho me tendrás aquí por un buen tiempo, lo suficiente para enamorar al príncipe...
- Oh!...vaya...disculpe mi intromisión, pero... ¿no se supone que está enamorado de usted?
- No... (dijo con cierta amargura) no lo suficiente, no tanto como yo quisiera...en fin... ¿me ayudarás?
- Claro princesa, es para mí un honor, sabe que cuenta conmigo para cualquier cosa...
- ¿También para tu silencio?
- Así es Mon ami, mi boca es una tumba, nadie sabrá que Amatista es la princesa Lady Cristine, absolutamente nadie...
- Gracias, sabré retribuir tu cortesía... (sonrió).
continuara....



























Rebeka Arena Sal dijo
Hola Yuri, pra empezar te dire que escribes muy bien. La historia de los celos es curiosa, yo soy muy celosa y posesiva. En cambio con la pareja que mas he durado, ha sido con una persona yendo de pareja liberal, eramos pareja pero si uno u otro tenia una oportunidad a la vista la aprovechaba, teniamos veinte años, no nos debiamos querer tanto, como el pricipe a la doncella de tu historia. Me encanta como mezclas poesia con narrativa, con delicadeza, yo escribo mas rudamente, apenas uso un punto y aparte, pero estoy contando mi vida. Te pediria dos cosas,tres: Una que leyeras mi blog,dos que me dijeras como me paso del sector cultural al del amor y tres, que fueses mi amiga. Soy nueva en esto y me manejo muy mal y ten por seguro que seguire tu blog,superelaborado, tendrias que ver el mio, el tuyo hasta tiene musica. Lo dicho chica brujita,sigue asi, llegaras lejos. Besos.
27 Julio 2009 | 02:37 AM